ORGANIZAR LA FUERZA PROPIA
Los laberintos de la derecha
Después de su triunfo del 28 de junio, la derecha política de nuestro país entra en un verdadero laberinto.
Las contradicciones en el Pro aparecen con claridad. Solá apunta a dar la batalla presidencial; Macri viene en franco retroceso, no sólo en su caudal electoral sino también en una gestión “lesionada” por la forzada renuncia del comisario Jorge “Fino” Palacios, lo que significó un duro golpe a su concepción de gobernar con represión y control social. El retroceso en su intento de cerrar hospitales -principalmente los de salud mental-, al igual que el reciente fallo de la justicia -que lo obliga a devolver los salarios caídos a los maestros-, es otro cachetazo a su modelo de “ciudad para pocos”. Gabriela Michetti, la otra estrella fulgurante de la propuesta macrista, está desaparecida de la escena política ¿pasará a engrosar el partido de la Dra Carrió?...
La Coalición Cívica Libertadora entró en crisis y con ella el panradicalismo. Cobos quiere ser el jefe de ese espacio y choca con Gerardo Morales; Stolbizer le dice adiós a Carrió y los socialistas han perdido la brújula. Giustiniani banca la Coalición Cívica panradical y Binner se da cuenta que su perfil socialista se pierde entre los pelos del gorilismo republicanista.
La derecha justicialista no le va en zaga: Reutemann -como siempre- se está bajando; Duhalde hasta hoy no tiene candidato y Das Neves, Busti, Romero -e incluso Solá- no hacen por ahora más que amagar.
De Narvaez, por su lado, quiere hacer duhaldismo sin Duhalde, y el núcleo duro de ese sector ya salió a pegarle y a cobrarle la “desperonización” de las listas en la elecciones del 28 de junio pasado.
La gauchocracia sojera y sus aliados
Su política destituyente sigue en marcha. No sólo Biolcatti -instando a tirar abajo al Gobierno de la Presidenta-, sino la continuación del lockout desabastecedor de la Mesa de Enlace y las declaraciones de los terratenientes “autoconvocados” de Azul y Olavarría -planteando la necesidad de un gobierno “dirigido por seis diputados”-, demuestran que la oligarquía seguirá intentando su camino golpista.
La UIA, por su lado, presiona por mejoras para su sector en desmedro de las PYMES (verdaderas generadoras de empleo); la cúpula de la Iglesia es otra pata de la alianza reaccionaria. La actividad de Bergoglio, Aguer y Casaretto denunciando permanente la pobreza, pero que nada dicen de la escandalosa riqueza de los poderosos, contribuye al conocido discurso de la patria es el campo, la iglesia y el ejército.
En síntesis, la derecha política y económica -acompañada por la jerarquía eclesiástica y los monopolios mediáticos- confluyen para desgastar al gobierno e iniciar su siempre ansiada revancha social contra el pueblo que pelea por más y mejor distribución de la riqueza, más democracia más soberanía.
El aquí y ahora
Hace cinco años se creó la Coalición por una Radiodifusión Democrática, espacio en el que confluyó un importante grupo de organizaciones populares que lograron gestar los 21 puntos que sirvieron de base al Proyecto de Ley de Medios Audiovisuales enviado al Parlamento, proyecto que golpea con fuerza los intereses de las corporaciones mediáticas.
Tanto la movilización realizada el día de presentación del Proyecto al Congreso, como las distintas actividades programadas para los próximos días, son de vital importancia. Porque no sólo se trata de derogar el Decreto de la dictadura y tener un sistema de medios democrático y plural (hecho por demás de suma trascendencia), sino de difundir con claridad que -de no se aprobarse- esto significaría un retroceso del campo popular y un avance de la reacción, con graves consecuencias para el gobierno y el pueblo en su conjunto.
La organización y la movilización popular son la garantía para la construcción de una democracia participativa que le cierre el paso a quienes -con falsos argumentos institucionalistas- pretenden volver a los ’90.
Hoy no hay lugar para terceras posiciones: o se apoya el Proyecto de Ley de Comunicación Audiovisual con todas las modificaciones y mejoras que se le puedan hacer o, por acción u omisión, se permite que continúe vigente el decreto de la dictadura y los inadmisibles privilegios de los nostálgicos y destituyentes monopolios mediáticos.
La tarea de la hora
Después de la derrota del 28 de junio se abrió -y sigue abierto-, el debate en relación a cómo gestar una fuerza política que retome una legítima transversalidad destinada a profundizar el proyecto nacional y popular. Un espacio de participación que permita plantear con claridad cómo superar la fragmentación y determinar los ejes para hacer posible esta necesidad del campo popular.
Desde el peronismo revolucionario sostuvimos nuestra crítica a quienes resolvieron dar la batalla dentro del Partido Justicialista; los resultados están a la vista: Néstor Kirchner renunció a la presidencia del mismo. Privilegiamos los lineamientos que determinaron el poder popular generado desde el Estado por el General Perón. Esto no significa desechar la participación dentro de la estructura estatal, significa generar la posibilidad de abrir el debate en torno a un Estado con áreas que muestran signos de tensión y que expresa la disputa permanente entre los enemigos -de adentro y de afuera- y el proyecto nacional. Implica que nuestro papel debe ser el de participar comprometidamente en la organización popular y, desde esa perspectiva, jugar un rol dentro del Estado.
Como prácticas de construcción de poder popular, destacamos experiencias valiosas impulsadas y concretadas por la Organización Barrial Túpac Amaru, en la que tienen un peso decisivo los pueblos originarios. Lo hacemos fundamentalmente por las tangibles realizaciones que desarrollan a lo largo y a lo ancho de la patria: viviendas, escuelas, fábricas, textiles, etc. y porque su accionar evidencia que es posible diferenciarse del naturalizado y nefasto “eje el clientelismo”, al promover conciencia, participación y militancia popular. En esta línea, acompañamos también a las más de 800 organizaciones nucleadas en el Foro Nacional de la Agricultura familiar FoNAF, que defienden la soberanía alimentaria y plantean una reforma agraria integral; nos hacemos solidarios con las luchas de los trabajadores metalúrgicos, estatales, de la ex Terrabusi, IMPA y gráficos y apoyamos la consolidación de las empresas y fábricas recuperadas que hoy son fuente de más 15.000 puestos de trabajo.
En ese marco, proponemos avanzar también en la organización de la juventud -barrial, universitaria, que siempre fue rebelde-, e impulsar del mismo modo la construcción tendiente a fortalecer al movimiento de la mujer. Esos sectores, junto a los pueblos originarios, los campesinos y los trabajadores, harán cada día más grande la Central de los Trabajadores de Argentina.
Así, proponemos la creación de una herramienta de construcción que, defendiendo las mejores políticas del gobierno de Cristina, no pierda de vista el rol de una derecha destituyente que, tanto políticamente como a través de los grandes grupos financieros, empresariales y los terratenientes, se convierten hoy en el enemigo principal a derrotar.
Para lograr definitivamente una patria justa, libre y soberana, hace falta una nueva herramienta política que haga de la movilización, la construcción de poder popular y la participación institucional el eje central, tendiente a profundizar y consolidar el proyecto nacional, popular y revolucionario por el que venimos bregando desde el 17 de octubre de 1945. En esa dirección, con humildad y firmeza, seguiremos construyendo hasta lograr el objetivo, junto a quienes compartan estas legítimas aspiraciones.