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Mas setiembre: 22 del ’74.

Miércoles 23 de septiembre de 2009

COMISIÓN PERMANENTE DE HOMENAJE A JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ ARREGUI: CENTRO DE ESTUDIOS JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ ARREGUI, ASOCIACIÓN CIVIL MEMORIA FÉRTIL, CÁTEDRA DEL PENSAMIENTO NACIONAL DE LA U.N.L.P. "RODOLFO ACHEM-CARLOS MIGUEL", AGRUPACIÓN "SOBERANÍA NACIONAL" DE LA PLATA, COMUNICADORES PARA EL PUEBLO FPyCS UNLP, CREAN (UES COLEGIO NACIONAL), VACA CUBANA AM 530 LA VOZ DE LAS MADRES, BUSCAHUELLAS AM 1390 RADIO UNIVERSIDAD, GILDO ONORATO, DEBATE UNIVERSITARIO.

ADHIEREN: Cátedra Nacional de Economía "Arturo Jauretche", Movimiento Peronista Sabino Navarro, Comisión de Medios Audiovisuales del Espacio Carta Abierta, Comunicadores Para el Pueblo FPyCS (UNLP), Cátedra Libre por el Pensamiento Nacional y Popular de la UNLP “Rodolfo Achem y Carlos Miguel”, Agrupación Envar El Kadri - Peronismo Revolucionario, Centro de Estudios Políticos y Sociales “John William Cooke”, Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP), Carlos O. Suárez (Secretario General del Foro del Pensamiento Nacional y Latinoamericano), Agrupación Oesterheld, Red Nacional y Popular de Noticias la NACyPOP, Soberanía Nacional, Asociación Civil Memoria Fértil, Movimiento Agropecuario Nacional, ADULP, Colectivo de Títeres Cienfuegos, Vaca Cubana AM 530 La Voz de las Madres, Buscahuellas AM 1390 Radio Universidad, Ernesto Jauretche, Ernesto F. Villanueva, Ana Jaramillo (Rectora UNLA), Norberto Galasso, Alberto J. Lapolla, Stella Calloni, Laura Podetti, Jorge Casale , Cris Bidegain, José Luis Alonso, Manuel Ares, Lucrecia Sarralde, Patricio Castiglioni, César Medina, Patricio Marcelo Baez (Misiones), Silvio Bageneta (Editor responsable de “el diarito” de Mar de Ajó), Daniel Sánchez (Misiones), Mabel Maidana, Franca Bonifazzi (Rosario), Santiago Ares, Horacio Ghilini (Secretario General SADOP), Gerardo Alzamora (Secretario de Prensa SADOP), Mario Scalisi, Fernando Donaires, Mariana Márquez, Ramiro Gómez Díaz, Sonia Aristimuño, Marcela Morbelli, Tato Contissa, Sergio Puig (Tucumán), Daniel Cuzzola (Junín), Iciar Recalde, Miguel Ángel Gargiulo (Bolívar), Elsa Huwiler, Hugo Bacci, Lidia Bacci, Eliana Bacci, Aritz Recalde, Fernando Aloia, Adán Reynaldo Huck, Carlos De Feo, Armando Valbuena, Alfredo Castelli, Rubén Peluso, Juan Urbizaglia, Daniel Diulio, Ernesto Nacleiro, Hugo Ruano, Gonzalo Cháves, Luciano Torres, Leonardo Benaglia, Ángela González Gentile, Julio Santamaría, Estela Fonseca, Eduardo González, Raúl Pané, Enrique Ferrari, Hugo Ruano, Juan Merino, Jeremías González, Gildo Onorato, Anabela Ghilini (UNLP), Herman Schiller ("Leña al fuego"), Enrique Gil Ibarra, Mario Shimizu, Alberto Lapolla, Agrupación Peronista de Ensenada Juan José Valle, Fabián Cabanellas, Diego Oliveira, Guillermo Gutiérrez (director de Antropología 3er. Mundo, director de ICEPH-Instituto Cordillerano de Estudios y Promoción Humana/Bariloche), Carlos María Ciappina, Gladys Marduel, Horacio Carman, Mariángeles Sotes, Mariela Simonetti, Eduardo López, Marta López, Osvaldo Pedroso.

Juan José Hernández Arregui (1912-1974), filósofo, político y ensayista. Uno de los representantes más vigorosos del pensamiento nacional.

Su extensa obra logró compatibilizar su erudita formación teórica con la interpretación clara y profunda de la realidad política argentina e implicó un punto de inflexión y de ruptura con las formas de aproximación típicas de la izquierda tradicional y del pensamiento universitario de su época.

Adscribió en su juventud al Partido Radical de la provincia de Córdoba, colaborando con numerosos artículos en los periódicos Debate, Nueva Generación, Doctrina Radical, Intransigencia y La Libertad. En 1935, publicó su primer libro de cuentos, Siete notas extrañas. Durante la década del 1940, estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, en la que tuvo como principal maestro a Rodolfo Mondolfo, quien lo acercó a los debates del pensamiento europeo y al marxismo.

Su formación se vio influenciada por los planteos nacionalistas y antiimperialistas de Raúl Scalabrini Ortiz y también, por los cuadernos de FORJA. En el año 1944, se graduó como Doctor en Filosofía con medalla de oro y diploma de Honor. En el año 1947, tras renunciar al Partido Radical, se produjo su acercamiento al Peronismo de la mano de Arturo Jauretche, quien lo llevó a colaborar en el gobierno bonaerense como Director de Publicaciones y Prensa del Ministerio de Hacienda.

En 1948, comenzó su labor docente en la Universidad Nacional de La Plata siendo profesor en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, en el Colegio Nacional Rafael Hernández, ambos de la UNLP y en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. En el año 1951, desarrolló un programa en Radio del Estado sobre literatura y filosofía en el cual formuló profundas críticas e interpretaciones sobre la cultura. Publicó en esta época, entre otros, los trabajos.

Las corrientes históricas durante el siglo XIX (1951), El siglo XVI y el nacimiento del espíritu moderno (1952) e Introducción a la historia (1953). El golpe militar de septiembre de 1955 lo relegó de forma violenta al silencio y al aislamiento, retirándole sus cátedras universitarias y prohibiendo las revistas, periódicos y medios masivos de comunicación en donde había publicado.

Se sumó en este período a la Resistencia Peronista y comenzó una ardua labor intelectual y militante, que conjugó lúcidamente la teoría revolucionaria marxista con el ideario peronista de las masas trabajadoras.

En 1957, publicó Imperialismo y cultura, obra fundamental en la historia de las ideas en la Argentina, donde analizó la influencia de las ideas dominantes en la intelectualidad nacional. Poco después, en 1960, publicó

La formación de la conciencia nacional, con el objetivo explícito de contribuir desde la izquierda nacional a esclarecer la cuestión nacional. En 1962, apareció un nuevo libro, ¿Qué es el ser nacional?, en el que abordó nuevamente la cuestión nacional desde una óptica latinoamericana.

En 1964, junto con Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Ortega Peña, Ricardo Carpani y otros intelectuales y activistas, lanzó el movimiento CONDOR. Hacia el año 1969 publicó Nacionalismo y liberación (Metrópolis y colonias en la era del imperialismo) y en 1971, Peronismo y socialismo, donde abogó por la transformación del peronismo en un partido revolucionario capaz de construir el socialismo nacional.

Sus obras fueron leídas ávidamente por la juventud militante, para la cual, representó el modelo ideal y práctico de intelectual revolucionario comprometido con la liberación nacional, iberoamericana y del Tercer Mundo. El 19 de octubre de 1972, sufrió un atentado político en su domicilio y comenzó a recibir sucesivas amenazas.

Tras el triunfo popular de las elecciones del 11 de marzo de 1973, fue distinguido como Profesor Emérito de la UBA, recibiendo la distinción en manos del prestigioso historiador y Rector Rodolfo Puiggrós.

Dirigió poco tiempo después, la Revista Peronismo y socialismo, que tras la muerte de Perón, en julio de 1974, pasó a llamarse Peronismo y Liberación, desde donde bregó por la unión del campo antiimperialista y el fortalecimiento de la izquierda nacional dentro del peronismo.

Tras el recrudecimiento de las intimidaciones de la Triple A viajó a Mar del Plata, donde sufrió un síncope que le causó la muerte.


Gracias, Norberto Galasso, por tu artículo del 20 de septiembre en Página 12. Por Roberto Páez González.

En efecto, hoy se cumplen 35 años del fallecimiento de Juan José Hernández Arregui y afortunadamente Norberto Galaso nos lo recordó con su nota del 20 de septiembre de 2009, en Página 12. También a mí me dan ganas de decir, como lo dijo Galasso, que Hernández Arregui fue “uno de los intelectuales de más alto nivel en la Argentina del siglo XX” y -en el plano de nuestros precursores y maestros- uno clave por el respeto que merecía de tantos militantes sindicales y de la Juventud Peronista, un respeto cimentado desde los cincuenta.

La perspectiva de la unión de Latinoamérica, para Hernández Arregui –a la que en muchos de sus textos llamó Iberoamérica- era una meta de las luchas nacionales y una premisa para el triunfo de las luchas sociales.

Era un hombre de la época de mi padre -mayor que él, inclusive- con quien, en base a los principios y al compromiso en la lucha, era posible sentirse en una realidad de amistad intergeneracional. Su amplia cultura quedaba completamente al servicio de sus explicaciones y no desempeñaba un papel decorativo. Lo mejor es volver a leerlo. O leerlo.

Todos los datos que menciona Norberto Galasso acerca de la formación y la militancia de Hernández Arregui nos revelan a un hombre interesado en comprender la realidad nacional y la ubicación de las luchas sociales en el panorama semicolonial característico de los países latinoamericanos, con la excepción de Cuba, en los años sesenta.

Por eso, también, encuentro en el texto de Galasso que –por una vez- el tema no son los setenta, sino una década anterior, en la que la calidad de los debates fueron planteando las disyuntivas de fondo para nuestros países.

Es verdad que en el contexto de la guerra fría, la existencia de la URSS y el campo socialista eran datos que se consideraban decisorios, pero al mismo tiempo, los análisis centrados en América Latina le daban a las perspectivas políticas locales una iniciativa y tareas propias que permitían valorar los movimientos y figuras populares en los que había cristalizado la lucha de los pueblos de la América de raíces ibéricas, Nuestra América.

Y por si esto fuera poco, está la barbarie gorila que, en Argentina llegó a extremos nítidos con los bombardeos de 1955, aquel simbólico y famoso 4161, dado el 9 de marzo de 1956, y los fusilamientos del 9 de junio del mismo año, la persecución de la actividad sindical, la proscripción del peronismo, el plan Conintes ...

La resistencia peronista tuvo un momento sindical culminante en la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre, en enero de 1959. A fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta se destacaron dirigentes de la Juventud, como Gustavo Rearte, y sindicalistas, como Sebastián Borro, Jorge Di Pasquale y otros, que siguen en la práctica conceptos de una izquierda nacional dentro del peronismo, siguiendo enfoques de Perón, Eva Perón, John William Cooke, Raúl Lagomarsino, César Marcos, Esteban Rey; de Ricardo Carpani -volcado a dar su imagen al movimiento obrero peronista- y, como explica Galasso, los aportes desde fuera del peronismo, tales los de Jorge Abelardo Ramos y Jorge Enea Spilimbergo, sumados a un conjunto de escritos antioficialistas de la época, como los de Jauretche, Scalabrini, Puigrós, Astessano.

Cierta simbiosis se operó a través de los programas del movimiento obrero: los de La Falda (1957), Huerta Grande (1962) y el del 1º de Mayo de 1968, de la CGT de los Argentinos, cuya prolongación inmediata transitó por Córdoba, a través del Cordobazo y de los plenarios de 1971 y 1972 de los Gremios Combativos.

El tema fue –y es- la conciencia histórica de los argentinos. Porque desde los gobiernos entreguistas se alzó una construcción cultural para quebrantarla a designio, ha sido necesario que hombres inspirados y alertas mantuvieran activo el pensamiento nacional. No como algo definitivamente pensado, sino como el pensar que participa en las luchas nacionales y en los cambios sociales. “La historia primero es vida y después documento”, dice Hernández Arregui en el prólogo a la primera edición de La formación de la conciencia nacional, fechado en Buenos Aires, el Primero de Mayo de 1960.

Vale la pena recordar, como lo hace Galasso, la monstruosa cooperación de la intelectualidad oficialista de aquella época en la marginación y el ninguneo de estos pensadores y escritores argentinos, particularmente ahora, cuando estamos bregando por dotarnos de una nueva ley de medios, dejando, así, atrás la ley de la dictadura, con la que tuvo que acomodarse todo el período democrático desde el gobierno de Alfonsín hasta el presente.

Como sintetiza Galasso: “Bueno es recordarlo hoy cuando tantos empleados de las corporaciones se rasgan las vestiduras en nombre de una supuesta libertad de prensa que no es más que la libertad de empresa que los explota, la misma que convirtió a Hernández Arregui en un desconocido, “un maldito”, cuando sus libros debían haber circulado por todos los colegios y universidades del país”.

No ha habido sucesión del liderazgo fundador y conductor del peronismo. La militancia peronista con tradición de resistencia y la izquierda nacional, tienen sin embargo, abundantes antecedentes políticos y solidas referencias intelectuales. “Soy peronista porque soy marxista” fue una definición valiente del intelectual militante Juan José Hernández Arregui: él siguó la estela del 17 de Octubre de 1945 y ansió los encuentros latinoamericanos y sudamericanos que procedieron de la Cumbre Iberoamericana –sólo después de 1991- cuando en ese marco, por primera vez, se reunieron los presidentes latinoamericanos, sin seguir exclusivamente las políticas interamericanas signadas por el panamericanismo y la hegemonía hemisférica estadounidense. ¡Claro que Hernández Arregui estaría rebosante de júbilo y esperanza ante las convergencias de las políticas de Estado de nuestros países, como es el caso de Unasur, por ejemplo!

Su departamento de la calle Guise, donde trabajó y recibió a compañeros que lo consultaban fue objeto de un atentado con bomba, en la época aciaga de la Triple A. Poco después falleció, a los 62 años. Para recordarlo hoy, me parece que debo pedirles a los que lo conocieron que escriban sobre él. Acaso contribuya eso a reunir aspectos todavía vigentes de su obra, todavía necesarios para lo que tenemos que hacer los argentinos y los latinoamericanos en pos de un socialismo del siglo XXI.

Por eso, otra vez, ¡Gracias, Galasso! = = =

Soy peronista porque soy marxista. Por Norberto Galasso. Publicado en Página 12.

El 22 de septiembre se cumplen 35 años del fallecimiento de Juan José Hernández Arregui, pensador y luchador comprometido con su pueblo, de vastísima cultura, a quien puede considerarse –sin exageración alguna– como uno de los intelectuales de más alto nivel en la Argentina del siglo XX . Había nacido en Pergamino, en 1912, de modo que su niñez y adolescencia recibieron los ecos fragorosos de la Revolución Mejicana y los resplandores rojos de la Revolución de Octubre, así como las formulaciones audaces del APRA peruana de aquellos tiempos.

Luego, en la encrucijada de la crisis del ’29, se definió radical de izquierda en la Villa María cordobesa para alcanzar, a partir de 1938, a sintetizar el antiimperialismo de los Cuadernos de Forja con las bases del materialismo histórico que abrevaba en las clases de Rodolfo Mondolfo. En 1940 era ya un hombre de izquierda nacional capaz de reivindicar el libro Política británica en el Río de la Plata, de Raúl Scalabrini Ortiz, sabiendo que era de “esos libros que la crítica oficial calla... porque existe un aparato cultural organizado por la clase dominante para silenciar las verdades que cuestionan el orden semicolonial”.

Bueno es recordarlo hoy cuando tantos empleados de las corporaciones se rasgan las vestiduras en nombre de una supuesta libertad de prensa que no es más que la libertad de empresa que los explota, la misma que convirtió a Hernández Arregui en un desconocido, “un maldito”, cuando sus libros debían haber circulado por todos los colegios y universidades del país.

Juan José, en un replanteo semejante al que hacían Rodolfo Puiggrós y Eduardo Artesano viniendo desde el Partido Comunista, y los muchachos de Frente Obrero, desde el trotskismo, comprendió que en la Argentina, dada su condición semicolonial, existía una cuestión nacional a resolver, además de la cuestión social. Había que bregar, pues, junto a la clase obrera por su liberación de la explotación capitalista y al mismo tiempo, luchar también por la liberación nacional respecto de la opresión imperialista, cuestiones que se entrelazaban explosivamente. Por ello, se alejó del radicalismo y considerando que la izquierda abstracta no tenía destino y el nacionalismo sin pueblo era reaccionario, se sumó a la caravana peronista que se puso en marcha un 17 de octubre. En pocas palabras se definió luego: “Soy peronista, porque soy marxista”. Así jugó todo su talento y su pasión revolucionaria –al igual que J. W. Cooke, Amado Olmos y muchos otros– a una izquierda nacional interna al peronismo.

Quienes nos formamos políticamente leyendo sus libros –junto con los de Jauretche, Scalabrini, Ramos y Puiggrós–, especialmente Imperialismo y cultura y Formación de la conciencia nacional, tuvimos la audacia alguna vez de plantearle que la izquierda nacional debía estar al lado del peronismo –“golpeando juntos, marchando separados”– y no adentro del movimiento. Él rechazaba esa táctica sosteniendo que conduciría a hablar de socialismo lejos de los trabajadores. Nosotros pensábamos que él iba a estar cerca de los trabajadores pero no hablaría de socialismo sino de peronismo, pero nos guardábamos respetuosamente el comentario. Todavía hoy ronda por ahí la misma polémica en tanto el peronismo no pudo ir más allá después de la muerte de Perón y en tanto la izquierda nacional no logró aún construir políticamente con la clase obrera.

Lo recuerdo hoy como lo vi la última vez, cuando ya lo rondaban aquellos que “tienen, por eso no lloran / de plomo las calaveras... y por donde pasan ordenan / silencios de goma oscura y miedos de fina arena”, como dijera Federico. Insólitamente, me puso una mano sobre el hombro y caminamos unos metros por Paseo Colón. Solo dijo quedamente: “Ahora, nosotros, ¿qué podemos hacer?". Poco tiempo después, el síncope lo tumbaba para siempre, en Mar del Plata, cuando recién empezaba a nacer la primavera.

Pero ahora estoy seguro de que después de tanta lucha, tanto silenciamiento, y la bomba aquella que hizo volar su departamento de la calle Guise, tanto macartismo y críticas que aún persisten de intelectuales que dan clase en universidades extranjeras y escriben en tapa de La Nación, Juan José estaría jubiloso con esta América Latina de hoy, que busca su liberación y unificación y donde se habla de socialismo del siglo XXI.

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