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Otro anticipo de la Matreros noviembre: LOS LABERINTOS DE LA DERECHA. Por Facundo Cersósimo.

Domingo 8 de noviembre de 2009

LOS LABERINTOS DE LA DERECHA. Por Facundo Cersósimo.

En dos años Argentina tendrá que elegir, entre otros cargos, candidato a presidente y vice. Para eso ya son varios con aspiraciones a competir en dicha contienda, desde diversos espectros ideológicos. Nos interesa aquí apuntar algunas reflexiones acerca de aquellos identificados con un proyecto de país para pocos, asentado en la exportación de productos primarios e industriales, y orientado hacia los Estados Unidos, es decir, los candidatos de la derecha.

Desde la conformación del país como Estado Nacional hacia 1880, hasta las primeras elecciones presidenciales con la aplicación de la Ley Sáenz Peña, los sectores económicos dominantes contaron con una herramienta electoral que los representaba, el Partido Autonomista Nacional (PAN). Más allá de pequeñas divergencias internas en determinados temas, no era punto de discusión estructurar el país a partir de un modelo exportador de productos primarios hacia Europa -principalmente Inglaterra- con alta concentración de la tierra en pocas personas.

En 1916 triunfa en elecciones libres sin fraude la Unión Cívica Radical, desplazando del poder al PAN. Si bien el partido de Yrigoyen no venía a cuestionar la raíz del modelo económico, era evidente que irritaba a nuestras clases dominantes el acceso a cargos del Estado de sectores provenientes de otros espacios sociales.

En 1928, luego de la política elitista de Alvear, vuelve a imponerse en las elecciones “el peludo” Yrigoyen. Esto ponía en guardia a las clases dominantes y sus elites políticas ante la imposibilidad de retomar el poder a través del sufragio universal. Así, con el primer golpe de 1930, irrumpía en la política un nuevo actor: el Partido Militar.

Con excepción de breves períodos -los diez años del primer peronismo, Frondizi, Illia y el tercer peronismo-, desde 1930 hasta 1983, el Partido Militar, en su alianza simbiótica con la Iglesia católica, asaltó el Estado al volverse inviable para el establishment económico la posibilidad de ganar en elecciones libres con candidatos propios.

Antes de 1943, disfrazaron la toma del Estado con elecciones ilegítimas a través de la “Concordancia”, alianza con eje en el Partido Demócrata Nacional. Luego de 1955, los intentos de afianzar una instancia electoral que los represente a nivel nacional, como Udelpa del ex dictador Aramburu o la Alianza Popular Federalista del capitán de navío Francisco Manrique y del demócrata progresista Martínez Raymonda -que en 1973 obtienen el 14 % a nivel nacional, colocándose como tercera fuerza-, no prosperan. De esta manera se ven impedidos de desplazar a los grandes partidos del siglo XX sin recurrir a las Fuerzas Armadas como brazo político.

Desde 1983 en adelante los poderes económicos lograron disciplinar a los dos partidos mayoritarios, que en diferentes momentos y con variada profundidad, alcanzaron a cuestionar aspectos de aquel país levantado en 1880. Sin embargo, no dejaron de intentar crear su propia fuerza: la Unión de Centro Democrático (UCeDé), del ingeniero Álvaro Alsogaray.

En las elecciones de 1989 -como parte de una alianza electoral- se colocaron en tercer lugar con el 7,1 % de los votos, perdiendo sus esperanzas de romper el bipartidismo. Pero esto ya no hacía falta.

El nuevo bloque económico dominante había salido tan fortalecido de la última dictadura militar que podía imponer ministros y planes económicos a su medida, sea cual fuera el color del partido gobernante. Así se inició el transformismo de los partidos mayoritarios, es decir, bajo sus banderas históricas terminaron implementando programas neoliberales diseñados desde los EEUU, como el Consenso de Washington. La UCR, el PJ y la Alianza compartieron los mismos planteles económicos.

En diciembre de 2001, el modelo neoliberal estalla en mil pedazos. La derecha, luego de haber utilizado al gobierno de la Alianza, le soltaba la mano. En el 2003, en un escenario de alta fragmentación y descreimiento, triunfaba Néstor Kirchner, luego de que el riojano de Anillaco desistiera de ser vapuleado en una segunda vuelta. Ante la sorpresa de muchos, el nuevo presidente anunciaba antes de asumir que no iba a aceptar las presiones de los grupos corporativos. Esto indicaba que el Estado no iba a funcionar 100% en torno de sus intereses, sino que intentaría reparar parte de las deudas sociales acumuladas desde 1976.

Ahora bien, desde 1930 en adelante la clase dominante solucionó su falta de legitimidad para ganar elecciones recurriendo al Partido Militar. Desde 1983, logran alvearizar y someter a los partidos tradicionales, tras mostrarse la UCeDé como inviable electoralmente por la pobre cosecha de votos obtenida, finalizando en las filas del PJ. Pero hasta el momento no terminaron de poner de rodillas al actual gobierno, necesitando desplazarlo por alguno a su medida, tornándose éste un obstáculo para la acumulación de renta sin controles por parte del sector privado concentrado.

De cara al 2011 los grupos económicos más importantes están ante un desafío: conseguir un candidato propio que les garantice implementar su modelo, que no es antagónico al actual, pero tampoco idéntico. Como dijimos, este proyecto se basa en estructurar la economía a partir de exportaciones de productos primarios -fundamentalmente la soja- y de manufacturas de origen agropecuario e industrial, volviendo en política exterior a las relaciones carnales con los EEUU, proyecto similar al renombrado Plan Pinedo de 1940, elaborado por el abuelo del actual legislador Pro. Las consecuencias que traería es un pobre mercado interno, salarios de hambre y grandes masas de desocupados. Para paliar el descontento que generaría cuentan con cuantiosas reservas en el Banco Central para planes asistenciales y bolsones de comida, acompañado de postre -para los más revoltosos- por la represión de la protesta social.

Ahora bien, ¿cuál es la fuerza política que busca impulsar la derecha para implantar su proyecto? Entendemos que barajan dos opciones. Un panradicalismo vestido de republicanismo, con eje en la Unión Cívica Radical, y una liga de gobernadores -al viejo estilo del PAN- con eje en el Partido Justicialista, vestido de populismo de derecha. Es decir, reconstruir un bipartidismo liberal conservador, enterrando cualquier herencia kirchnerista. Los candidatos pueden ser varios: Cobos, Carrió, Morales, Macri, Duhalde, Reutemann, Scioli, Das Neves, Solá, son opciones, aunque las peleas entre algunos de ellos parecen irreversibles. Incógnitas a futuro: donde encontrarán refugio Stolbizer, Juez y Binner -más este último luego de su “traición” al apoyar la nueva Ley de Radiodifusión-, contando cada uno de ellos con caudales de votos propios en provincias importantes.

Por otro lado, con el nacimiento e instalación del Pro se reitera el deseo insatisfecho de la derecha de tener un partido propio. Ahora, la fuerza del empresario-ingeniero ¿es la primera surgida del embrión del establishment con base electoral propia capaz de ganar elecciones nacionales? ¿O será sólo una fuerza acotada a la Ciudad de Buenos Aires? ¿Terminará absorbida por el PJ como la UCeDé del otro ingeniero? Estos dos años responderán. A su vez, habrá que observar con atención las acciones de la Iglesia católica que, a diferencia de su socio en la alianza histórica de la cruz y la espada que predominó hasta 1983, sigue contando con gran capacidad de presión y de maniobra para influir en los tejidos de las nuevas coaliciones políticas.

El desafío para el campo popular es romper este escenario. Para eso es necesario construir una nueva herramienta política participativa y transformadora que represente un nuevo bloque social. Esperemos que todos estén a la altura de los tiempos históricos y evitar sufrir un retroceso de las conquistas obtenidas en los últimos años, evitando una Restauración Conservadora en cualquiera de sus variantes.

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